Bailamos

AMOR, CUERPO Y EROTISMO Las palabras danzan Estudios Literarios UPB – Academia de danza Claudia Cadena

El Amor, ese extraño magnetismo que se produce entre dos personas, es un concepto cargado de palabras, mitos y leyendas que muchos han tratado de explicar a través del tiempo y del espacio. En el marco de la celebración del amor y la amistad, queremos que sea éste nuestro tema de inspiración o más bien, nuestro impulso o motor, para dejar que esta noche ¡las palabras dancen!


Hablamos de una suerte de encantamiento capaz de turbar el cuerpo y mover el espíritu cuando dos fuerzas antagónicas se encuentran, se unen y se transforman: Eros, aquella fuerza divina, secreta y poderosa, y Psiquis, aquella humana, débil y ambiciosa. De esta unión nace el sentimiento amoroso y el impulso creativo capaz de transfigurar, transformar y dar testimonio de lo que pasa por nuestros sentidos; surge así la poesía y la danza, dos manifestaciones artísticas del amor, incluso tan antiguas como él: la poesía, capaz de transfigurarlo en palabras y la danza, en movimientos y gestos.


Jean Luc Nancy, en una conferencia titulada Imagen danza dice que el origen de la danza data del origen mismo del universo y es tan antigua como el amor, por eso la asemeja a los dioses, a la evidencia de lo inmenso, aquello que está ante nosotros y en nosotros, que nos atraviesa y nos abre.


Para este filósofo Eros representa lo inconmensurable, el arrebato del exceso y la calma de la apertura. Danzar es transformar un cuerpo, es metamorfosear su configuración para presentarla como una intensificación de la relación a sí mismo, el ser si mismo, dice:


Cada forma artística procede de la intensificación de un registro sensible. La danza como intensificación de lo sensible quiere decir que intensifica el sentirse en el cuerpo como cuerpo en el mundo. El cuerpo es una manera de experimentarse a si mismo, de saberse a si mismo. Como punto de origen y fin del mundo, o bien, articulación del un mundo, de una invención de un mundo, él se siente – sentirse” (Jean Luc Nancy).

De esta definición sobre la danza podemos aproximarnos a tres relaciones: Una con el cuerpo, otra con el amor y otra con el erotismo. Con el cuerpo, donde se produce la relación consigo mismo; con el amor, donde se da la relación con lo inmenso e inconmensurable y con el erotismo, donde se da la relación hacia afuera, hacia la forma y la representación. Bien dice Octavio Paz en su libro La llama doble: “La relación entre erotismo y poesía es tal que puede decirse, sin afectación, que el primero es poética corporal y que la segunda es erótica verbal” (Paz, 1993: 12); ambas nacen en los sentidos, son movidas o impulsadas por la imaginación y al desplegarse inventan configuraciones imaginarias: las palabras inventan poemas y el erotismo inventa ceremonias o ritos.


Podríamos decir entonces, que el cuerpo, que es a su vez movido y turbado por la imaginación, es el lugar concreto y material donde se producen estas configuraciones y donde se inventa la danza. La danza surge pues como una forma de representar la vida y manifestar esa gran y misteriosa fuerza llamada Amor.


¿Será entonces posible decir que el Arte es la manifestación del Amor y la danza y la poesía su cristalización?


¡Qué sea entonces la oportunidad para dejar que ese Eros nos clave su flecha del Amor y nos seduzca con la magia de la poesía y la danza!