¡Abuelos que se bailan la vida!

Héctor Echeverri y Elvia Sánchez, ¡abuelos que se bailan la vida!

Sus nombres llevan la impronta griega y romana.

Su sangre el acervo manizalita y fredonita.

Sus corazones, la chispa del amor y la alegría.

Sus cuerpos… ¡las huellas de la danza!

¡Abuelos que se bailan la vida!

¡Abuelos que se bailan la vida!
Primer timbre

Todo comenzó un 30 de abril de 1958. En una fiesta que organizó el marido de una prima de Héctor.

Bailaban en la terraza de la casa al son de boleros, porros, pasodobles y cumbias.

De pronto comenzó a llover.

La lluvia y la música crearon el escenario perfecto para empezar el baile de la vida.

Héctor tenía 19 años y Elvia 17 años.

El, un aprendiz de ingeniería mecánica de la UPB. Hijo de Blanca Amelia Bernal y del poeta Antonio Echeverri Vásquez.

De su padre heredó la vena artística y de su madre el espíritu aventurero.

De su tío, el padre Daniel Echeverri, la educación, la disciplina y el sentido de responsabilidad.

Por su parte Elvia, la hija menor de Eugenia Jaramillo Jaramillo y Carlos Sánchez Franco.

Una niña tímida que estudiaba sexto de bachillerato en la Escuela Normal Superior de Antioquia.

Hermana de Eugenia, Emma, Luz Elena y Carlos.

Eugenia Jaramillo, arriba izquierda (q.e.p.d.), Alma (novia y futura esposa de Carlos) Eugenia, Luz Elena (q.e.p.d.), Carlos (q.e.p.d.), y Elvia.

Cuatro mujeres, cuál de todas más solicitada, y un hombre, ¡el artista de la familia!

Carlos, un joven bohemio, apasionado por el teatro y la pintura.

Icono de Colombia por representar a “Juan Valdez”. El personaje creado por la Federación Nacional de Cafeteros para llevar el café colombiano por todo el mundo por casi 40 años.

Juan Valdez (Carlos Sánchez) y “Conchita”.

¡Abuelos que se bailan la vida!

Segundo timbre

Héctor y Elvia se casaron el 6 de julio de 1963.

Jaime Londoño, Emma Sánchez, Luz Helena, Eugenia y James Yepes (q.e.p.d.), Héctor y Elvia, y los sobrinos Hernán, Juan Diego, “Calla”, Diego y “Titi”.

Vivían en un apartamento en el barrio Boston. Héctor trabajaba en Locería Colombiana.

Lo mandaron a un entrenamiento en Estados Unidos. Con sus ahorros costeo el viaje de Elvia y se fueron los dos para Trenton, New Jersey.

Mientras Héctor trabaja, Elvia estudiaba inglés y se “defendía” en las labores de la casa.

Cuando regresan de Estados Unidos nace Jorge y a los dos años Andrés.

Héctor con Jorge, “el monito”, y Andrés, “el gordito”.

Para hacer honor a su apellido, Héctor decide hacer una “casa nueva” en las afueras de Medellín.

Echeverri (Etxeberri) es un apellido de origen vasco que quiere decir “Etxe” (casa) y “Barri” / “Berri” (nueva). 

En medio de potreros y de una que otra finca, y con la carrilera del tren que pasaba al lado del río Medellín, ponen la primera piedra e inicia así el nacimiento de “El Barrio”.

No precisamente por las casas que poco a poco fueron apareciendo y dando origen a Santa María de los Ángeles, sino por las amistades que se fueron forjando.

“El Barrio” se convirtió en el alma, la vida y el corazón de las familias que se instalaron en aquella zona de El Poblado.

Primero los Restrepo, luego los Echeverri, después fueron los García, los González, los Medina, los Gutierrez, los Figueroa, los Gaviria, los Escobar y los Gómez, entre otros.

Emma, la hermana de Elvia, también se fue a vivir allí con Jaime Londoño, su esposo, y sus hijos.

En el barrio nació “Cati”, la niña de los Echeverri.

Las actividades que hacían entre todos los vecinos desarrollaron talentos, despertaron la conciencia ambiental e identificaron gustos de adultos y niños.

Entre ellos, la afición por el mar y el buceo, el ciclismo, la música, el teatro, los costureros y por supuesto las fiestas y los bailes.

Los recuerdos más profundos e inolvidables quedaron grabados en “el Barrio”.

Mientras todo esto pasaba, la tripleta de la familia Echeverri Sánchez crecía y Héctor daba el paso más importante de su vida laboral, emprender empresa propia.

Tercer timbre

Héctor pone a prueba su gran capacidad de liderazgo, conocimiento y creatividad.

En 1973, junto con Simón Glottmann, amigo y compañero de carrera, funda Premac.

Una empresa que nace con el propósito de aportar a la economía del país, generar empleo y garantizar la tranquilidad económica y el bienestar de su familia y la de todas las personas que hicieran parte de ella.

Premac inicia operaciones con cuarenta y cinco personas trabajando en la fabricación y venta de cajas fuertes.

En el año 1985 pasa a ser propiedad exclusiva de la familia Echeverri e incursiona en el secado de café.

Con el diseño y producción de quemadores se convierte en líder en el mercado de la combustión.

Más adelante, y con la participación de Andrés, su hijo, entra en el mercado del gas y del petróleo.

Andrés recibiendo de su padre la gerencia de Premac, 2007

En el 2006, y gracias a la gestión de Héctor en Luxemburgo, Premac gana una licitación a nivel mundial para llevar un incinerador de desechos tóxicos a Malawi, África.

Continuando con el interés de contribuir con el bienestar y la calidad de vida de las personas, monta un proyecto piloto para monitoreo de la calidad del aire en la ciudad con el Clean Air Institute de Washington y el Área Metropolitana de Medellín.

Luego, para atender la urgente necesidad de reducir las emisiones de carbono y ofrecer una movilidad más segura, confiable y respetuosa con el medio ambiente, Premac incursiona en el tema de movilidad sostenible y nace Andantte, una línea de bicicletas eléctricas.

Hoy, a dos años de cumplir 50 años, en esta empresa familiar continúa vigente el legado de su fundador, “apostarle a la transformación social y económica del país brindando empleo formal y atendiendo las necesidades de las personas”.

Equipo de trabajo Premac, 2008
¡Qué comience la función!

En diciembre de 1989 se abre el telón del Teatro Pablo Tobón Uribe.

A partir de ese momento Héctor y Elvia entran a ser parte del escenario de mi vida (y yo en el de ellos).

Como suegros, pero también como ¡amigos, compinches, padres y abuelos!

¡Abuelos que se bailan la vida!
Elvia, Héctor, Claudia y “margarita”.

¡Como abuelos que se bailan la vida!

Abuelos que han estado presente en todas las presentaciones que ha hecho la Academia; ¡y van más de treinta!

Que han gozado con los bailes de los nietos, con los míos y ¡hasta con los de su hijo!

Que han llorado de emoción con los buenos momentos y nos han acompañado en los momentos difíciles.

Héctor ha sido mi guía y mentor en la Academia. Su experiencia, claridad y conocimiento nos ha ayudado a consolidarnos como empresa.

Los dos han sido testigos de muchas anécdotas alrededor del baile y en muchos casos, sus protagonistas.

¡Abuelos que se bailan la vida!
Héctor y Elvia acompañando a sus nietos Daniela y Pedro en “Banquete de danza”, presentación de la Academia, 2013

Héctor ha sido mi parejo en muchos escenarios.

No solo de baile. También parejo para nadar, bucear, montar en bicicleta, a caballo, tomar aguardiente, subir Cerro Tusa y recorrer el Parque Natural Sierra de La Macarena, entre otros.

Los escenarios del baile no han sido precisamente los del teatro, pero sí los de la casa, la finca, la isla y la calle.

Precisamente hace algunos años hicimos un viaje por Canadá con Héctor, Elvia, Jorge y Cati.

Estábamos caminando por las calles de Montreal, cuando nos encontramos con unos músicos.

Eran peruanos, estaban vestidos con sus atuendos típicos y tocaban melodías andinas.

Héctor y yo comenzamos a bailar y de repente el lugar empezó a llenarse de gente alrededor nuestro.

¡Cómo sería el espectáculo que hasta unos periodistas de una cadena de televisión que pasaban por allí comenzaron a grabar!

Me imagino la nota en televisión: “Pareja de (locos) colombianos se bailan las calles de Montreal”.

Hoy seguimos bailando, no al ritmo de antes, pero sí al ritmo de la alegría y del agradecimiento por todos los momentos tan especiales que hemos tenido la suerte de vivir junto a ellos.

¡Qué sean muchos más!

¡Abuelos que se bailan la vida!
¡Abuelos que se bailan la vida!

Héctor y Elvia son abuelos que se bailan la vida porque han sabido disfrutar y aprovechar todo lo que ésta les ha dado.

Les ha dado amigos, paseos, trabajo, casa, barrio, finca, caballos, negocios, café, mandarinas, aceites, bicicleta, caminadas, atardeceres, happy hours, música y baile.

La vida le ha permitido a Héctor emprender y sacar adelante muchos negocios tales como: Distexas, Suministros internacionales, Equipos Galvánicos, Radio Shak, Bycsa, Herbas y Cúrcuma.

Además ser miembro del Club Rotarios, fundar Corciven, irse a estudiar inglés seis meses a Atlanta, ser mentor de Proantioquia y mantenerse al día con cursos y capacitaciones en temas como: Valoración de Empresas y Finanzas, entre otros.

Pero dentro de todo esto hay algo que los mueve todos los días… ¡la salud y la familia!

La salud, vital. Los dos se cuidan y se ejercitan.

Héctor, a sus 83 años, continúa pedaleando. Y no de cualquier manera…con la bicicleta eléctrica que le permite llegar a donde quiera y seguirle el paso ¡hasta a los ciclistas más profesionales!

Héctor montando en bicicleta con Andrés, Cerro Tusa.

Por su parte la familia, la base de esta relación.

Los que no están, los que están y los que vendrán, son los motores de este baile.

Un baile que comienza con unos jóvenes bailando en medio de la lluvia y continúa con unos abuelos bailando en medio de la vida.

¡Con unos abuelos que se bailan la vida!

Héctor y Elvia con sus tres hijos, sus seis nietos, su yerno y su nuera preferida (jaja, espero que así sea, porque para mí es ¡mi suegro preferido!), 2021
Claudia Cadena danza gracias a los abuelos

La historia de la Academia de Danza Claudia Cadena se escribe con recuerdos, anécdotas y experiencias de ¡abuelos que se bailan la vida!

El acompañamiento y apoyo a los nietos, sus recuerdos y experiencias y su legado, entre otros, han sido nuestros motores para trabajar con amor, esmero y dedicación por la danza, sus nietos y la sociedad.

Una sociedad que cree en el Arte como herramienta de transformación social, emocional, física, mental y económica.

El testimonio, la experiencia y la vida de los abuelos son las pruebas más legítimas de que la danza fue, es y será una de las expresiones artísticas más valiosas e importantes de la humanidad.

¡Gracias Héctor y Elvia por ser parte de esta historia!

En Claudia Cadena Danza te ofrecemos clases para que tus nietos bailen y sean personas sanas, creativas, responsables y felices.

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4 Responses
  1. Eva Glottman

    Felicitaciones, Claudia por esa bella historia de la cual en parte la vivimos, Simon y yo.
    Los Echeverri son nuestra familia y siempre lo seran!
    Los queremos mucho!!!!

    1. Claudia Cadena

      Hola Evita!!! Qué emoción saber de ti!!!! Espero te encuentres muy bien, lo mismo toda la familia!! Los recordamos con mucho cariño. Siempre están en nuestro corazón!!!

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